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Dolls

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Dolls 

mensajeLun 03 Oct, 2005 10:20 am.

Dolls

En la vida existen ciertas ocasiones, ciertas situaciones, ciertos momentos en los que uno se tiene que tragar sus palabras y moderse la lengua suplicando a quién acostumbras a suplicar por ser inmune a tu propio veneno. Tampoco nos lo podemos reprochar, el ser humano suele funcionar muchas veces por asociación e impulso; así decimos "perro" y nos viene a la mente un cánido ya sea un pastor alemán, un bull terrier o perrito color canela; si decimos "barco" nos viene a la mente un barco pesquero o de pasajeros o un portaaviones, pero un barco al fin y al cabo.
En el cine ocurre igual, pensémoslo, si decimos kung-fu nos aparece enseguida la figura de algún duro de las artes marciales en el cine: Bruce Lee, Jackie Chan, Chuck Norris... el que sea; al revés ocurre igual si decimos Tarantino nos vienen a nuestra sesera gánsters, atracadores, mafiosos... y es normal ¿quién puede reprochar eso?
Si siguiendo con el ejercicio de asociación decimos "Kitano" todos decimos inmediatamente: "yakuza", claro hay que tener en cuenta que el director japonés es un especialista en este tipo de productos, por eso ver Dolls y ser consciente de que Takeshi Kitano es el responsable de esta película supone romper la baraja con la que hasta ahora hemos estado jugando.
Luego parece que partimos de cero, entonces ¿de qué va esta película? Pues de amor, sí, sí como lo oyen, de amor. Kitano a falta de una historia de amor nos propone tres; amor profundo y lírico, amor enfermizo, angustioso como un suspiro hidráulico que sube por la tráquea. Me viene súbitamente la letra de una canción a la mente: "amar es el empiece de la palabra amargura". El amor no es perfecto, el sentimiento que se nos pinta puro y bello puede ser difuso y amargo porque el amor puede mancharse con el sentimiento de culpa o con el vacío que deja la pérdida de las oportunidades o bien con la desorientación de extraviar la estrella polar que guía nuestro barco en el mar de nuestra existencia: siempre limitada, imperfecta e infeliz.
Pero Dolls no se queda ahí, el universo visual que Kitano ha montado es un desafío al círculo cromático; el color es más que una simple cuestión de ambientación; es un vehículo para la libre expresión de la lírica, un criptograma que respira por sí mismo para desafiar al espectador a que lo desguace. Dolls no es una película que vaya a morir, se queda ahí latente esperando a ser desmenuzada una y otra vez, mostrándonos las cicatrices de sus dilemas y sus agonías e invitándonos a concebir una sinfonía de silencio, un instante de simple y mera observación de lo que nos rodea que no es otra cosa que unos colores de los que no teníamos la más mínima idea de que podían existir y además ser conscientes de que estás participando en un pequeño milagro: oir una historia en la que lo hablado es lo menos importante.

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Siempre podemos elegir la fatalidad y en ese sentido Dolls es tremendamente violenta, no podemos elegir a nuestra familia y en muchas ocasiones no podemos elegir nuestro entorno ni nuestra profesión, pero siempre podemos elegir el pesimismo y la decadencia. Dicen que el que insinúa dice más que el que enseña y Kitano lo sabe; el amor duele, pero mostrar lágrimas no es estrictamente necesario para denotar tristeza, cuando la tristeza es suficientemente profunda te puedes asomar a ella desde una simple mirada, desde un cómplice silencio.

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Pero, ¿el amor no es hermoso? Sí, desde luego que lo es; pero al igual que la vida no es perfecto, amar no siempre supone volar sobre el firmamento con alas plateadas ni construir tu fortaleza en esa trampa hostil que llamamos mundo; también es desolador y desesperado y si la energía no se destruye sino que se transforma el amor va más allá de la materia y se convierte en eterno e infinito, la muerte no es importante, es irrelevante, es una transición.

Cuando terminas de ver la película lo que te queda es una sensación de pequeñez e insignificancia, realmente no somos tan importantes ni hacemos cosas tan definitivas para el orden cósmico y eso lo sabes porque has visto una película en la que las cosas más importantes que se han dicho son las que no ha dicho nadie. Además te queda una extraña sensación: creemos que somos felices porque hay alguien que puede ser más infeliz que nosotros.

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