George Orson Welles nace el 6 de mayo de 1915 en Kenosha, una ciudad del Estado de Wisconsin. La infancia y la adolescencia son bastante ajetreadas: su madre, concertista de piano, muere cuando él apenas ha cumplido los nueve años; su padre, inventor de poca monta, se lo lleva entonces de viaje por el mundo antes de morir alcoholizado cuando su hijo tiene quince años.
De regreso a los Estados Unidos,
Orson ingresa en un centro para chicos, la Todd School en Woodstock, Illinois, donde bajo la tutela del director,
Roger Hill, empieza a mostrar talento para las artes escénicas. Ya entonces el inquieto chico muestra grandes aptitudes para el piano, la magia y la pintura. Tras abandonar la escuela, viaja con una compañía teatral en una gira por Irlanda y debuta ante el público en el Gate Theater de Dublín (1931). En los años siguientes realiza su primera estancia en España, país al que se sentirá fuertemente vinculado el resto de su vida.
De nuevo en los Estados Unidos, en 1934 ingresa en la compañía de
Catherine Cornell, con la que debuta en Nueva Cork en el papel de Teobaldo de
Romeo y Julieta; ese mismo año realiza sus primeras actuaciones en la radio - medio con el que se convertirá en una de las voces más conocidas de América -.
Todo el mundo le considera ya un niño prodigio y pasa pronto de actor a director: entre sus puestas en escena más sonadas destacan un
Julio César ambientado en la Italia fascista y un
MacBeth interpretado enteramente por actores afro americanos y ambientado con elementos vudú. En estas representaciones se va rodeando de un elenco de actores y técnicos (
Joseph Cotten,
Agnes Moorehead,
Everett Sloane, etc) a los que reunirá en 1937 en el
Mercury Theater, la compañía teatral que funda junto a su socio y amigo
John Houseman.
Welles será el motor de esta compañía con la que trabajará en teatro, radio y cine.
Welles y la radio.
El 30 de octubre de 1938, poco antes de Halloween, su nombre adquiere fama a nivel nacional por de su controvertida adaptación radiofónica del clásico de ciencia ficción
La guerra de los mundos de
H.G. Wells: junto a los actores del
Mercury Theater, dirige un falso noticiario que retransmite una invasión extraterrestre en América; pero el realismo con el que actúan es tan sorprendente que muchos ciudadanos acaban creyéndoselo de verdad y el pánico se apodera de numerosos hogares. El nombre de
Orson Welles está ahora en boca de toda América, y
Hollywood no tarda en llamar a su puerta.
El cine no es una novedad para
Welles, quien ya ha dirigido un corto,
The hearts of age (1934), y un mediometraje,
Too much Johnson (1938). Tras ser cortejado por diferentes productoras, firma un contrato con la
RKO que le concede total libertad en su trabajo. Baraja diversos proyectos para su primer largometraje - entre ellos una adaptación de la novela
El corazón en tinieblas de
Joseph Conrad que años más tarde serviría de base para el
Apocalyse Now de
Coppola - pero finalmente se decanta por una idea del guionista
Herrman J. Mankiewicz (hermano de
Joseph Leo): la biografía de un magnate de la prensa, inspirado vagamente en el todopoderoso
William R. Hearst, desde sus inicios hasta su decadencia.
La producción sufre varios contratiempos a causa del boicot de los periódicos de
Hearst (quien llega a ofrecer 800.000$ a los productores para que destruyeran los negativos) y la inquietud de la compañía, que empieza a dudar de si fue buena idea dar tanta libertad a ese joven genio que sólo les trae dolores de cabeza. Todo esto servirá años más tarde de tema para el telefilme
RKO 281 en el cual
Liev Schreiber interpretaba el papel de
Welles,
John Malkovich el de
Mankiewicz y
James Cromwell el de
Hearst.
Ciudadano Kane en campaña.
La película se estrena por fin en 1941 con el título de
Ciudadano Kane (
Citizen Kane), que años más tarde encabezará listas y más listas de mejores películas de la historia. El filme, sin embargo, no logra el éxito de taquilla esperado, y la mala publicidad (cuando no la no-publicidad) de la prensa
Hearst hacen mella en la opinión del público. Aunque
Welles y
Herrman logran un Oscar al mejor guión (acompañado por los abucheos de una parte del público asistente), no será hasta dos décadas después cuando el filme empezaría a ser revalorizado por buena parte de la crítica.
El fracaso de
Ciudadano Kane hace que los productores le resten libertad de acción en su siguiente film,
El cuarto mandamiento (
The magnificient Ambersons, 1942), e incluso ordenen al editor
Robert Wise (sí, el futuro director de
West Side story y
Sonrisas y lagrimas) que realice un montaje diferente al que había elaborado
Welles. Pese a esta intrusión, el resultado final es un magnífico melodrama de época con una excelente dirección de actores (todos ellos salidos de la cantera del
Mercury Theater) que confirma que el talento mostrado en
Ciudadano Kane no ha sido flor de un día.
Welles, sin embargo, queda frustrado por el trato recibido y tardará cuatro años en ponerse de nuevo tras las cámaras con
El extraño (
The Stranger, 1946), coprotagonizado por
Loretta Young y
Edward G. Robinson. Se trata de un thriller sobre un criminal nazi oculto en un pueblo americano y perseguido por un agente del FBI. Será el único éxito de taquilla de su carrera, aunque él mismo la considerará años más tarde como su peor realización.
Antes ha hecho una colaboración importante como actor y guionista en
Estambul (
Journey into fear, 1943), que, pese a venir firmada por
Norman Foster, lleva en sello distintivo de todas aquella películas en las que
Welles se ha puesto tras la cámara; también ha protagonizado junto a
Joan Fontaine Jane Eyre (1944) adaptación de la celebre novela de
Charlotte Brontë.
Welles y Hayworth en La dama de Shanghai.
Mientras su carrera cinematográfica se tambalea entre el éxito y el fracaso, su vida sentimental va por otros derroteros. En 1934 se casa con la actriz
Virginia Nicholson a la que ha conocido en el
Mercury Theater; pese a que el matrimonio tiene un hijo,
Christopher (nacido en 1937), se rompe al cabo de 6 años. En 1943 vuelve a casarse, esta vez con la rutilante belleza
Rita Hayworth, quien en 1946 se convierte en una estrella de primera magnitud al protagonizar
Gilda. Es el gran amor de su vida. Fruto de este matrimonio nace una hija, pero a los pocos años entra en crisis. Antes de divorciarse definitivamente en 1948, la pareja ha tenido tiempo de rodar una película juntos,
La dama de Shanghai (
The lady from Shanghai, 1947). El filme es maltratado por los productores (quienes recortan casi una hora del metraje original), por la crítica (que no comprende la historia) y por el público (que no acepta a
Rita en el papel de villana), pero hoy se puede considerar uno de los mejores trabajos de
Welles - guionista, actor y director - con uno de los finales más sorprendentes que se recuerdan (la famosa escena del tiroteo en una casa de espejos).
El fracaso de
La dama de Shanghai marca su distanciamiento de
Hollywood. En 1948 rueda para la
Republic Films, una productora de serie B, su primera adaptación de un original de
Shakesperare, la magnífica
MacBeth, a la que seguirá la irregular pero interesante
Otelo (
Othello, 1952), coproducida por Marruecos, Francia e Italia, y rodada a lo largo de tres años, por lo que el papel de
Desdemona llega ser interpretado por tres actrices distintas. Entre estas dos películas rueda a las ordenes del director británico
Carol Reed un thriller con guión del escritor
Graham Greene, situado en la viena de postguerra,
El tercer hombre (
The Third Man, 1949). El personaje de
Harry Lime, el villano que se enriquece vendiendo medicamentos adulterados y amigo del protagonista (
Joseph Cotten) será uno de sus personajes más recordados.
Welles acechando a Cotten en las calles de Viena.
En 1955 viaja a
España a rodar
Mister Arkadin donde él interpreta a un multimillonario propietario del alcázar de Segovia, pero su adaptación de
Don Quijote de
Cervantes se suspende tras la muerte del actor protagonista,
Francisco Reiguera. La película será años más tarde centro de un documental sobre el trabajo de
Orson Welles y será remontada por el director
Jesús Franco, que trabaja en el rodaje como director de segunda unidad.
Encuentro de titanes: Charles Chaplin y Welles.
Por entonces, la necesidad de reunir fondos para sus películas le mueve a intervenir en producciones de otros directores, como actor y, ocasionalmente, como guionista, e incluso como director sin acreditar - caso del filme bíblico italiano
David y Goliat (
David e Golia, 1960) en el que dirige sus propias escenas como
Saul -. Entre los títulos más destacables se pueden reseñar
Moby Dick (1956) de
John Huston;
El largo y calido verano (
The long hot summer, 1957);
Austerlitz (1960), recreación de la famosa batalla napoleónica a cargo del mítico director galo
Abel Gance;
Los vikingos (
The vikings, 1958) de
Richard Fleischer y
Rey de reyes (
King of kings, 1961) de
Nicholas Ray, en las que sólo presta su voz como narrador. Fuera de estos títulos, el resto apenas destaca más allá de su participación en ellos, caso de
Los tártaros (
I Tartari, 1961) de
Richard Thorpe y
Hotel Internacional (
The V.I.P.s, 1963) de
Anthony Asquith. Además de trabajar en largometrajes, rueda también cortometrajes y realiza programas de televisión como
Around the World with Orson Welles (1955) y
The Orson Welles Sketchbook (1955) para la BBC.
En 1958 vuelve a dirigir y protagonizar una película en
Hollywood,
Sed de mal (
Touch of evil), oscura y asfixiante alegoría sobre la Justicia, donde interpreta uno de sus personajes más sobrecogedores: el corrompido (y obeso) comisario
Quinlan, enfrentado a un honrado policía interpretado por
Charlton Heston (cuyo apoyo fue determinante para que los productores aceptaran a
Welles para dirigir la película). Por desgracia, de nuevo
Welles es excluido del montaje final y la película apenas es exhibida en los Estados Unidos como se merece (no así en Europa donde críticos de la talla de
François Truffaut y
Jean-Luc Goddard destacarán más tarde su influencia en sus debuts como directores,
Los 400 golpes y
Al final de la escapada).
Portada de una edición en DVD de Sed de mal.
Alejado definitivamente de
Hollywood tras esta última amarga experiencia, rueda en Francia
El proceso (
La procès, 1962), magistral adaptación, muy libre eso sí, de la novela de
Franz Kafka sobre la tragedia de un oficinista víctima del aparato burocrático y judicial. El protagonista es
Anthony Perkins y el reparto lo completan
Romy Schneider,
Jeanne Moreau,
Akim Tamiroff (por entonces inseparable de cualquier título suyo) y el mismo
Welles. En 1965 dirige en
España una de sus mejores películas,
Campanadas a medianoche, genial fusión de varias obras de Shakespeare (
Enrique IV,
Enrique V,
Ricardo III y
Las alegres comadres de Windsor) con un reparto que incluye nombres como
John Gielgud,
Jeanne Moreau,
Margareth Rutherford y
Fernando Rey y donde destaca su portentosa interpretación del bribón
Falstaff.
Tras estrenar en cines
Una historia inmortal (
Une histoire immortelle, 1968), adaptación de un relato de
Isak Dinesen inicialmente rodada para la televisión francesa, ve como el rodaje de su siguiente película,
The deep (1979), se interrumpe por falta de dinero y por la muerte del actor protagonista (
Laurence Harvey). La misma suerte sufre
The other side of the wind (1972), coproducida por el hermano del shah de Persia, que queda inacabada cuando sólo quedaba la labor de montaje (aunque
Peter Bogdanovich, que partició en ella, tiene esperanzas que pueda finalizarse algún día cuando acaben los litigios por los derechos de propiedad). El documental
Vérités et mensonges (comocido también como
F for fake, 1974) sobre fraudes y falsificaciones, y donde se permite el lujo de realizar trucos de magia ante la cámara, se puede considerar su última película.
Welles en publicidad.
En sus últimos años
Welles sigue trabajando incansablemente en busca de fondos para nuevos proyectos: interpreta un inolvidable
Long John Silver en la olvidable
La isla del tesoro (
Treasure island, 1972) enésima adaptación de la novela de
Robert L. Stevenson; participa en películas como
El viaje de los malditos (
Voyage of the Damned, 1976) y en
La película de los Teleñecos (
The Muppet Movie, 1979); en 1971 la
Academia de Hollywood le concede un Oscar honorífico pero no acude a recibirlo; ofrece su imagen para anuncios de perritos calientes y vino; su voz se oye aún en anuncios y programas radio y televisión (como la serie
Magnum P.I.) y
George Lucas piensa en ella para el personaje de
Darth Vader en
La guerra de las galaxias aunque cambia de idea por considerar la voz de
Welles demasiado conocida.
El 10 de octubre de 1985, a los 70 años de edad, muere de un ataque al corazón, irónicamente en el
Hollywood que tanto lo ha maltratado a él y a su obra. Su cuerpo es incinerado y sus cenizas, por deseo expreso, esparcidas en la finca de su amigo el torero
Antonio Ordóñez en Ronda.
Citas célebres
- (sobre la Nouvelle Vague)
¡Me gustaría mucho ver sus películas! No he ido a ver a la mayoría de ellos por miedo a que puedan inhibirme. Cuando filmo una película, no me gusta referirme a otras; me gusta pensar que estoy inventándolo todo por primera vez.
-
Según los jóvenes críticos americanos, uno de los grandes descubrimientos de nuestra época es el valor del aburrimiento como tema artístico. Si esto es cierto, entonces Antonioni merece figurar entre los pioneros de esa tendencia, con el título de padre fundador. Sus películas son un telón de fondo perfecto para modelos de alta costura. Quizá no existen telones de fondo tan perfectos si siquiera en Vogue, pero deberían parecerse a esas películas. Deberían contratar a Antonioni para diseñarlos.
- (sobre
Ingmar Bergman)
No comparto ni sus intereses ni sus obsesiones. Me es más extraño que un japonés.
-
Stanley Kubrick y Richard Lester son los que más me atraen, dejando aparte a los viejos maestros. Con esto quiero decir John Ford, John Ford y John Ford.
-
Honestamente, creo que Hitchcock es un cineasta cuyos filmes no suscitarán ningún interés dentro de un siglo. En el mejor Ford, el fim vive y respira un mundo verdadero, aunque hubiera podido escribirlo Mamma Machree. El mundo de Hitchcock es un mundo de espectros.
-
Hablo con Cahiers du Cinéma de cine en general porque les estoy muy agradecido por haber valorado mis películas. Cuando quieren someterme a uno de sus grandes debates intelectuales, no soy capaz de negarme. Pero todo eso es una ficción. Soy un impostor: he llegado incluso a hablar del "arte del cine". Nunca hablaría de eso con mis amigos: preferiría que me sorprendieran sin calzoncillos en mitad de Time Square.
Películas de Welles comentadas en Largometrajes.
Ciudadano Kane
El cuarto mandamiento
El extraño
Otelo
La dama de Shanghai
MacBeth
Sed de mal
El proceso
Campanadas a medianoche
Fraude
Ultima edición por Ripley el Vie 06 Ene, 2006 12:34 am, editado 1 vez