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Olivia de Havilland y Joan Fontaine

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Olivia de Havilland y Joan Fontaine 

mensajeMar 28 Ago, 2007 12:29 pm.

Ripley

8
Sexo:Sexo:Hombre

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Desde que Caín mató a Abel por ser el niño predilecto de papá Jahvé, los relatos sobre hermanos que se quieren a matar (el uno al otro) han sido un tema muy socorrido en leyendas y anecdotarios de diversa índole: Rómulo mató a Remo porque éste se había burlado del bonito surco que había abierto para marcar los límites de la naciente Roma; el poeta griego Hesíodo perdió parte de la herencia paterna porque su hermano Perses, previó soborno a unos jueces, se apoderó de ella, y luego se vengo dedicándole un aburrido poema; Cleopatra hizo matar a tres de sus hermanos para mantener el monópolio del trono egipció; a Juan sin Tierra le faltó tiempo para coronarse rey de Inglaterra aprovechando que Ricardo Corazón de León estaba preso en el extranjero; Bart Simpson destrozó el pequeño mundo que había surgido de un diente de Lisa; ... En las bambalinas de Hollywood este tipo de rivalidad adelfofóbica estuvo (y aún está) representada por dos de las mayores actrices de la época dorada, Olivia de Havilland y Joan Fontaine, cuyas vidas y carreras se explican a continuación:

Eran hijas de Walter de Havilland, un abogado inglés, y Lilian Auguste Ruse, quien había hecho carrera como actriz bajo el nombre de Lilian Fontaine. El matrimonio se casó en 1914 y se transladó a vivir a Japón, en el llamado Asentamiento Internacional, donde Charles abrió una oficina como abogado de patentes. Así, por motivos laborales del padre, las dos hermanas nacieron en el país del sol naciente (valga la redundancia): Olivia el primero de julio de 1916; Joan un año más tarde, el veintidós de noviembre de 1917. El nacimiento de las niñas no evitó que el matrimonio se rompiera al poco tiempo. Cuando la pequeña Joan contrajo la rubeola, Lilian, por consejo de un médico, se llevó a las dos niñas a los Estados Unidos y se instaló en Saratoga, California.

En su nuevo pais las dos hermanas realizaron los primeros estudios en Los Gatos High School y en la Notre Dame High School, una escuela católica para chicas. Joan demostró ser una alumna brillante (a los tres años obtuvo un 160 en un test de inteligencia), aunque eso no impidió que, como hermana menor, tuviera que heredar toda la ropa de Olivia. Ésta a los nueve años de edad escribió un testamento de mentirijillas en el que legaba toda su belleza a su hermanita “porque ella no tiene ninguna”. A los quince años Joan volvió a Japón junto a su padre y permaneció allí los siguientes dos años, estudiando en la Escuela Americana.

La primera en empezar una carrera como actriz fue Olivia, animada por su madre (quien, como otros muchos progenitores de actores, pretendía que sus retoños continuaran la carrera artística que ella había tenido que dejar al casarse). Ingresó en el prestigioso Mills College donde hizos sus pinitos sobre el escenario; allí la descubrió el director Max Reinhardt, quien en 1935 le ofreció el papel de Hermia en El sueño de una noche de verano de Shakespeare, primero sobre las tablas en Hollywood y después, ese mismo año, en la gran pantalla. No fue su primera película – antes había realizado algún papel menor - pero el buen trabajo le reportó un contrato con la productora de los hermanos Warner, y al poco ya le daba la réplica a Errol Flynn en El capitán Blood (Captain Blood, 1935) de Michael Curtiz, el primero de los ocho títulos que protagonizó junto al actor del pene pianista. Las otras fueron La carga de la brigada ligera (The charge of the light brigade, 1936), Robín de los bosques (The adventures of Robin Hood, 1938), Four's crowd (1938, inedita en España), La vida privada de Elizabeth y Essex (The privates lives of Elizabeth and Essex, 1939), Dodge, ciudad sin ley (Dodge city, 1939), Camino de Santa Fe (Santa Fe trail, 1940) y Murieron con las botas puestas (The died with their boots on, 1941). Salvo la última, dirigida por Raoul Walsh, todas corrieron a cargo de Michael Curtiz).

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Mientras tanto, Joan, que había regresado a los Estados Unidos en 1934, intentaba también hacerse un hueco en el mundo del espectaculo: primero entró en una compañía de teatro de San José que dejó para mudarse a Los Ángeles. Allí se cambió el nombre por el de Joan Burtfield, y más tarde por el de Joan Fontaine (recuperando el apellido artístico de su madre), para no hacer carrera sobre el apellido de su ya exitosa hermana (aunque algunas fuentes afirman que fue la madre quien no le permitió usar el nombre familiar para favorecer a la primogénita). Sin embargo, pese al cambio de nombre, su carrera no despegaba. Tras rodar No more ladies para la Metro, estuvo una breve temporada sin trabajo y tuvo que alojarse en casa de Olivia. Finalmente firmó un contrato con la RKO pero sólo recibió papeles muy breves. La primera película en la que interpretaba un personaje importante, Señorita en desgracia (Damsel in distress, 1937), junto a Fred Astaire, fue un fracaso. Aunque fue recibiendo cada vez mejores papeles, cuando en 1939 tocó renovar el contrato, la compañía se desentendió.

La suerte de Joan cambió cuando conoció al productor David O’Selznick que le ofreció el papel protagonista para la adaptación de la novela Rebeca de Daphne du Maurier, que iba a ser el début en Hollywood de un orondo y exitoso director britanico, Alfred Hitchcock. Algunos dicen que la actriz se presentó al concurrido casting para el papel de Escarlata O’Hara y Selznick, impresionado, le ofreció el papel de Melania, pero Joan lo rechazó diciendo “Si quieren a alguien para hacer de pava, llamen a mi hermana Olivia”. Sea o no cierto, Olivia fue seleccionada para representar el papel y consiguió con él su primera nominación al Oscar (que perdió ante su compañera de reparto, Hattie MacDaniel). Un año más tarde fue Joan quien logró una nominación, por su papel en Rebeca (Rebecca, 1940). No ganó, pero Selznick y Hitchcock recurrieron de nuevo a ella para interpretar a una mujer que cree que su marido la quiere matar en Sospecha (Suspicion, 1941). Su interpretación le valió el ansiado Óscar, aunque el triunfo se vio empañado por un incidente con Olivia: cuando Joan iba a subir al escenario a recoger la dorada estatuilla, pasó de largo de su hermana, que iba a felicitarla. Olivia, que además también estaba nominada por Si no amaneciera (Hold back the dawn, 1941) de Mitchel Leisen, se tomó el feo como una ofensa.

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Joan en Rebeca.


Con este entrañable ambiente fraternal, las carreras de ambas siguieron en marcha. Olivia fue quien concentró la mayor parte de los elogios por sus interpretaciones: la madre soltera que no revela su identidad a su hijo en La vida intima de Julia Norris (To each his own, 1946), que le valió su primer Óscar; las gemelas sospechosas de asesinato en A través del espejo (The dark mirror, 1946); la escritora ingresada en un sanatorio en Nido de víboras (The snake pit, 1948) – cuarta nominación; la joven rica que es desheredada por su padre por prometerse con un cazafortunas y es abadonada por éste a continuación en La heredera (The heiress, 1949) con la que consiguió no sólo uno de sus mejores papeles (y su segundo Óscar) sino también una de las interpretaciones femeninas más alabadas de la época. Sin embargo su carrera sufrió un contratiempo cuando denunció a la Warner por haberle añadido seis meses más al contrato – en realidad, seis meses que ella había estado en suspensión por haber exigido mejores papeles que los que le daban - y que ella consideraba que no podían exigirle cumplirlos. La actriz ganó el caso y pese a ser baneada por el estudio, recibió los agradecimientos de toda la profesión (incluidos los de su hermana) por sentar un precedente del que se iban a beneficiar los actores ante los todopoderosos estudios.

Joan se especializó en dramas románticos y entre los títulos más destacables protagonizó La ninfa constante (The constant Nymph, 1943); Jane Eyre (1944), donde interpretó a la heroina de Charlotte Brontë junto a Orson Welles, con quien no hizo muy buenas migas; Abismos (Ivy, 1947); El vals del emperador (The emperor waltz, 1947), un film menor de Billy Wilder; y Carta de una desconocida (Letter from an unknown woman, 1948), el mejor de todos, dirigido por Max Ophüls.

En la vida privada las dos hermanas parecían también distantes: Olivia estuvo relacionada con John Huston, James Stewart y John Hughes (quien llegó a flirtear con Joan mientras aún salía con ella) y se casó dos veces, con el escritor Marcus Goodrich (de 1946 a 1953) y con el periodista francés Pierre Galante (de 1955 a 1979). Ambos matrimonios acabaron el divorcio y reportaron a Olivia un hijo y una hija. Su hijo mayor, Benjamin (1949), murió en 1991 a causa de la enfermedad de Hodkin. Igual de discreta en sus relaciones, pero más inestable fue Joan: cuatro matrimonios en treinta años: con el actor inglés Brian Aherne (de 1939 a 1945), con el productor William Dozier (de 1946 a 1951), con el guionista y productor Collier Young (de 1952 a 1961) y con el editor Alfred Wright Jr (de 1964 a 1969). La vispera de su boda con Aherne, un amigo de éste llamó para decirle que el novio no se encontraba bien y que se lo había pensado mejor. Joan le contestó que ya era tarde para cancelar la boda y al día siguiente ambos se encontraron ante el altar. De Dozier tuvo a su única hija natural, Deborah (nacida en 1949); en 1952 adoptó a una niña peruana, Marita (nacida en 1946), que huyó de casa en 1963.

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Con los cincuenta las carreras de las dos hermanas tomaron un ritmo diferente. Tras protagonizar Nacida para el mal (Born to be bad, 1950) y Ivanhoe (, 1953), Joan empezó a distanciar sus papeles en cine para dedicarse cada vez más al teatro: en 1954 sustituyó a Deborah Kerr como protagonista de Te y simpatía de Robert Anderson, junto a Anthony Perkins. Luego aparecería en Vidas privadas, Flor de cactus y El león en invierno. Sus últimos trabajos ante las cámaras fueron Viaje al fondo del mar (Voyage to the bottom of the sea, 1961) y Las brujas (The witches, 1966), a partir de la cual sólo trabajaría para el teatro y la televisión, realizando pequeños papeles en series como Cannon, Vacaciones en el mar y Hotel.

Por su parte, Olivia también apareció menos en la gran pantalla pero porque no encontraba papeles de su gusto: rechazó el papel de Blanche DuBois en Un tranvía llamado deseo porque no atraía tener que decir algunas frases; dio la alternativa a Richard Burton en Mi prima Raquel (My cousin Rachel, 1952); fue Ana de Mendoza en una olvidable versión de las andanzas de La príncesa de Éboli (La lady, 1955); y formó parte del lujoso reparto de No serás un extraño (Not as a stranger, 1955). A partir de los sesenta sus apariciones en cine fueron cada vez más esporádicas pero aún dio un título destacacable: Canción de cuna para un cadáver (Hush... hush, sweet Charlotte, 1964), de Robert Aldrich, donde hizo de hermana de su buena amiga Bette Davis. Su carrera se cerró en los setenta con un par de olvidables films de desastres.

Las dos actrices aún se dirigían la palabra, pese a los continuos roces, pero en 1975, un incidente acabó por distanciarlas definitivamente: la muerte de su madre. Olivia organizó una ceremonia en recuerdo de la difunta al que Joan no asistió: según ella, su hermana no la invitó; según Olivia, Joan se desentendió del asunto. Lo cierto es que ambas hermanas se han negado la palabra desde entonces. Joan llegó hasta a distanciarse de su propia hija porque ésta seguía manteniendo una cordial relación con su tía. Cuando en 1988 la Academia de Hollywood celebró el sesenta aniversario de los Óscar, se organizó un encuentro con todos los galardonados vivos. La organización cometió la imprudencia de instalar a las dos hermanas en una misma planta del Hotel Ambassador. Cuando éstas lo descubrieon forzaron a la dirección a cambiarlas de habitación y a poner unos diez pisos entre ambas.

Así, sin hablarse los últimos treinta años, han llegado hasta estos días. Joan vive retirada en su casa de Carmel, en California, a pocos meses de cumplir los noventa. Olivia los cumplió el año pasado y aún tuvó fuerzas para viajar de Paris (donde reside actualmente) a Hollywood para recibir un homenaje. Son las últimas divas vivas del Hollywood más clásico, y las malas lenguas insinuan que el secreto de su longevidad es que ninguna de las dos quiere morir antes que la otra.

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Una de las últimas imagenes de Olivia.


Películas de Olivia comentadas en Largometrajes:
El capitán Blood
La carga de la brigada ligera
Robin de los bosques
La vida privada de Elizabeth y Essex
Lo que el viento se llevó
Si no amaneciera
Murieron con las botas puestas
A través del espejo
Nido de víboras
La heredera
Canción de cuna para un cadáver
El enjambre

Películas de Joan comentadas en Largometrajes:
Rebeca
Sospecha
Carta de una desconocida
Ivanhoe
El bígamo
Más allá de la duda

Enlaces con otros temas del foro:
Cuál de las dos prefieres

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mensajeMar 28 Ago, 2007 8:46 pm.

Olivia es de mis favoritas; me encantan sus pelis; es una diva con mayúsculas vergonzoso

Joan también la aprecio aunque no tanto como a su hermana

Espero que no lea este post asustado

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