A ver,
Bressonianao, yo no odio a Derrida; simplemente creo que su pensamiento no sirve para generar conocimiento. Y no creo tener nada que ver con él, precisamente porque yo niego esa multiplicidad de sentidos dentro del texto. Niego la mayor, vaya; niego lo que decía Derrida y también lo que dice Chartier (cuya obra no conozco, por cierto).
Si, como opinaste en otra parte, la crítica es la actividad que configura las preferencias y lleva a cabo la criba entre las buenas y las malas películas, resulta absurdo apelar a las interpretaciones variadas, porque en ese caso el valor no está en la propia obra, sino en el receptor, y eso, en mi opinión, es desvirtuar el arte; cosa que tiene una consecuencia desagradable para los críticos: no sirven, por muy trabajado que sea su análisis, porque el valor de lo que juzgan está en su propia apreciación, no en la película; está en el sujeto, no en el objeto. Por supuesto, el sentido se encuentra estrechamente ligado a la calidad, y esta al valor. ¿Qué finalidad tiene ser crítico? Según esto, cualquiera podría escribir crítica. Es lo mismo que darle la bienvenida al "relativismo estético"; o sea, a la preponderancia del gusto. En consecuencia, no habría obras maestras ni calidad ni tres cuartos; habría apreciaciones personales. Y yo creo que entre "Predators Versus Aliens" y "La hija de Ryan" -por ser oportunista- hay años luz. Si transitamos por estas oscuras sendas, al final llegamos, se quiera o no, a la crítica de Sokal y Bricmont. Dentro de poco, no va a ver sentido; los paladines de las interpretaciones se lo van a cargar. Ya no podremos hablarnos unos a otros, porque cada uno entenderá lo que le venga en gana. Y hablar es comunicar; es transmitir un sentido inequívoco; como en la literatura o en el cine. Puede ocurrir, por supuesto, que el sentido no se capte; pero eso no quiere decir que no haya un sentido único, sino que ha habido un problema de comunicación, sea por el código, por el registro de la lengua, por el ruido o sea por la torpeza del receptor (o por la oscuridad o exquisitez del emisor).
Sobre esto último, es cierto, he cambiado de opinión, que es la que aquí expreso; antes, yo estaba muy cerca de ese relatviismo estético.
La proliferación de sentidos obedece a esos errores en la comprensión, ni más ni menos. Puede que sea un evidencia empírica; la misma que se podría constatar si yo intentara comunicarme con un alemán... El sentido de las palabras del alemán está en su propia lengua, que yo no conozco. No está, por tanto, en mí. Otro tanto pasaría con los extraterrestres y el cine que hallaran. La incomprensión de las películas es precisamente lo mismo.
Cita:
"El sentido de las composiciones de Ozu no surge sólo de las decisiones técnicas, se expande con ellas, y obedece a diversas lecturas: la etnológica, la formal, la narrativa ("se ve mejor, economía de medios, etc"), la espiritual (zen)... Sería un error (o cuanto menos limitador) pensar que el sentido de los planos de Ozu está encerrado en la propia película, independientemente de quién lo reciba. Cuando la humanidad desaparezca el cine lo hará con ella. Si sobrevivieran películas y millones de años después llegarán extraterrestres, no sabrían cómo interpretarlo, no tendrían herramientas, carecería de cualquier sentido: luego no puede estar en la propia película."
Bressoniano, esto es igual que poner un burdel y dejar que los sentidos se prostituyan. No lo hagas tan difícil. Piensa en la navaja de Ockham y vete eliminando sentidos. Emplea solo "los necesarios".
Lo del "zen" es otro ejemplo de falsa relación: algo que superficialmente parece relacionado con otra cosa, aunque no es así. En su libro "Irracionalidad: el enemigo interior" -que nadie se asuste, no es literatura de autoayuda...- Sutherland habla precisamente de este error, y pone el ejemplo de los antiguos galenos, que pretendían curar el asma con los pulmones del zorro, un animal conocido por su capacidad pulmonar... Lo igual con lo igual. Falsa relación. Ozu no era un místico ni un monje zen, por mucho que su estilo fuese "estático" (?); y es otra de las cosas que aclara Antonio Santos. El zen, entonces, está en la cabeza de quien interpreta erróneamente. El sentido erróneo está en la cabeza de quien interpreta; el sentido real está en la obra; jamás salió de allí. Y, aunque no lo queramos aceptar, en el caso concreto de Ozu, el sentido es que hay menos sentido de lo que se cree, si se acepta esto -que se debe aceptar- al hablar de la obsesión compositiva del autor.
Para ilustrar mejor por qué pienso que es absurdo hablar de que el sentido está fuera de la obra y de que este es diverso debido a las variables de la recepción, voy a referirme al concepto de pareidolia, retorciéndolo un poquito.
Según la Wikipedia, la paredolia es "es un fenómeno psicológico consistente en que un estímulo vago y aleatorio (habitualmente una imagen) es percibido erróneamente como una forma reconocible." O sea, un sesgo cognitivo. El ejemplo célebre es aquella famosa nube de polvo que expulsó una de las Torres Gemelas después del impacto; muchas personas creyeron ver un rostro demoníaco en la nube. No lo había, por supuesto.
Se podría hablar de "pareidolia dramática"; un error de percepción al recibir obras dramáticas, películas entre ellas. Creemos ver las influencias del zen, la mención a la falta de libertad o lo que sea, cuando en realidad en la nube que es la película no hay nada; o hay, sencillamente, otra cosa. En este caso, ¿sería aceptable hablar de que el sentido no acaba en la propia película? No, por supuesto; no hay un sentido más allá ni diferentes interrpetaciones, sino errores de percepción (de interpretación). Confundir un error con que el sentido se expande más allá de la película es peligroso. Se me podrá reprochar que en la película hay una voluntad de comunicar y de que no es aleatoria -lo que, paradójicamente, me daría la razón-, mientras que en la nube resulta "vago y aleatoria". Es cierto; pero viene a ser lo mismo: un error en la percepción.